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Extras:

Sobre las imágenes de billetes que aparecen en esta entrada

En los años del primer peronismo, los billetes dejaron de ser simples instrumentos de cambio. La Casa de Moneda los producía íntegramente en el país y cada ejemplar llevaba consigo un gesto de soberanía: no solo circulaba dinero, circulaba una idea de independencia económica y de justicia social. El primer billete íntegramente producido en todas sus etapas fue también un mensaje de soberanía técnica: mostrar que la Argentina podía diseñar, grabar e imprimir su propia moneda sin depender de nadie.

En esos papeles se imprimía un mensaje claro. No eran billetes neutros ni anónimos, sino piezas que transmitían valores, convicciones, un horizonte compartido. Era la certeza de que hasta lo cotidiano —lo que llevamos en el bolsillo— podía recordarnos la dignidad conquistada.

De un lado del billete, la protagonista es la “Justicia sin venda”, representada con el rostro real de una modelo porteña elegida por Renato Garrasi. A sus pies se alinean los emblemas de la Ganadería, la Agricultura, la Ley, la Industria y el Trabajo, como pilares visibles de un proyecto que buscaba equilibrio y dignidad. A un costado, el óvalo de la filigrana se convierte en espacio de resguardo técnico, pero no neutral: es la ventana donde se afirma que la moneda no solo circula por su valor, sino por la confianza en un país que se pensaba justo, soberano y productivo.

Del otro lado del video, bajo la Casa de la Independencia de Tucumán con las fechas de 1816 y 1947, se despliega un verdadero programa visual del desarrollo nacional: la proa de un barco que evoca el comercio exterior, un teléfono con fábricas al fondo como símbolo de comunicaciones e industria, un motor con hélice de avión, la locomotora a vapor y una represa hidroeléctrica. Todo entrelazado por guías vegetales y custodiado por el escudo, como si el billete mismo quisiera condensar en imágenes la promesa peronista de soberanía económica, transporte moderno, energía propia y trabajo argentino.

Hoy, mirarlos es volver a ver un tiempo en el que los símbolos estaban al servicio del pueblo y no de los mercados. Son testigos de una etapa en la que hasta el dinero supo tener rostro, palabra y destino colectivo, pequeñas banderas que todavía hoy nos recuerdan que la economía no es solo números, sino memoria, identidad y orgullo. Y pensar que en estos tiempos el Javo, si pudiera, pondría a la Estatua de la Libertad en el anverso, a Benjamin Franklin en el reverso y algún Tesla de Elon Musk circulando en filigrana.

Una playlist porque todo es con música